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Champiñones por el mundo, llegada a Praga

  • 12 dic 2014
  • 3 min de lectura

¡Hasta más ver España!

Sábado por la mañana, 6:00. Suena el despertador. Hay que levantarse, ducharse y prepararse para ir al aeropuerto. Sólo has dormido 5 horas y malamente. Compruebas que tienes lo necesario, así como pasaporte, contrato y datos de contacto con la persona que te acogerá allí.

El momento de la despedida de tu familia es duro, pero sabes que algo bueno te espera al otro lado, al menos será mejor que otro verano en casa y sin trabajo. Además, por primera vez sales fuera, lo cual es interesante y por supuesto tienes nivel de inglés para desenvolverte en situaciones normales, o eso crees...

Los momentos antes de irse y ya una vez en el avión son durillos. Aunque apenas sea un verano no es fácil irse sabiendo que dejas a la familia, novia y amigos ahí. No quería ni pensar lo que sentían nuestros abuelos y jóvenes de hoy en día cuando saben que emigran un día para no saber cuando vuelven.

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Llegas a Chequia, confiado, y con ganas de descubrir lo desconocido. Avanzas buscando la terminal donde debes coger el autobús 100 para llegar al centro de Praga, pero no lo encuentras. Toca preguntar a alguien. Venga, a poner en práctica todo lo que sabes. Y así fue. La primera en la frente, tartamudeas y hablas con miedo, como si no lo fueras a decir bien. Y eso que la frase es sencillísima. Dubitativo y nervioso al final lo consigues, ya estás en el centro de Praga.

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Ahí, donde quedas con el resto de personas a conocer en cuestión. Y la primera impresión es devastadora. Te das cuenta que de todo el grupo eres con diferencia el que peor hablas de todos, les cuesta entenderte, hablan genial y además para no poner las cosas fáciles les haces gracia, se ríen de ti. Ese acento español nuestro…

Pero pese a todo después de un ratito, descubres como todos muestran su interés por ti, y son personas muy curiosas y afables. Aún recuerdo con anhelo las conversaciones con Omar y Mohamed, el fútbol, quien era mejor, ¿Messi o Cristiano?, ¿Madrid o Barça? Todo lo que preguntaban, sobre la situación social, económica, laboral.

Y poco a poco descubres que pese a las dificultades con el idioma, el miedo al ridículo y todo eso se van diluyendo, y que detrás hay una gente estupenda con la que vas a compartir alguna que otra buena experiencia.

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El puente Carlos , la catedral de San Vito, el castillo de Praga, la plaza de la ciudad vieja, la plaza de la república, el callejón del oro…visitas obligadas si estas allí. Una ciudad con un encanto especial, cómoda, jovial y muy turística. Un destino barato e imprescindible en la agenda de cualquiera.

El día de después tocó moverse al Castillo de Karlštejn y posteriormente a un pueblecito llamado Cesky Krumlov, una auténtica delicia de villa. El viaje de horas mereció la pena para descubrir esta auténtica maravilla metida entre las montañas, el rafting en el río, también.

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Y después de unos maravillosos días de toma de contacto tocaba prepararse para moverse al otro extremo del país. Karviná esperaba. Detrás de esa ciudad faltaba más gente aún por conocer, gente con la que compartí unas buenas experiencias y a la cual recuerdo día tras día.

Armin Tamzarian


 
 
 

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